viernes, 20 de julio de 2018

Me gustan los cadáveres

Me gustaban los cadáveres
a los quince.
Porque estaban quietos,
porque no interrumpían.

Me gustaban los nidos vacíos,
las hojas secas,
las fotos en sepia
donde nadie me reconocía.

El silencio era más seguro
que cualquier conversación.
Las nubes grises me entendían
mejor que mi madre.
Y las aves negras, lo juro,
parecían saber algo
que yo no.

Mariposas amarillas,
como las que decía Márquez,
pero para mí eran otra cosa:
eran débiles, morían fácil,
como yo me sentía.

Leía poemas donde el amor dolía,
la muerte era bella,
y el infierno tenía buena luz.

Tomaba lo que fuera.
Humo, tragos baratos,
dibujaba con pluma fuente
como si escribir pudiera salvarme.
Pensaba que Giger y Bosch
me hablaban en sueños.

Y luego vino R.
No como en los libros.
Con manos tibias, no perfectas.
Con un abrazo que no tenía metáforas.
Fuego sin tragedia,
misterio sin drama.
Cuerpo, sí. Pero vivo.

Entonces dejé de escribir sobre cadáveres.
O al menos, dejé de querer ser uno.

Ya no me gustan
los nidos triturados,
las hojas que parecen sangre,
el silencio del viento
cuando duele en el pecho.

Ya no quiero nubes
que no dejan lluvia.

SGR

1 comentario:

  1. creo que nunca habia leido algo tuyo, pero si habia visto tus ilustraciones y me gustan mucho, tenia mucho mucho tiempo que no veia una.

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