"¿No es más bella la vida de mi corazón
desde que amo? ¿Por qué me distinguían más
cuando yo era más arrogante y arisco,
más locuaz y más vacío?"
Holderlin
La belleza está en mis zapatos sucios
en mi cabello desordenado,
en las rocas que reposan como pensamientos.
Todo es tan suave
suspiro al ver las aves
dibujando rutas que no comprendo.
Veo a mi amado recostado.
Pero —¡oh, sombras! ¡sombras!—
unos enanitos nos lanzan flores diminutas
y gritan, entre risas agudas:
“¡El universo se está secando!
¡Todo el romance lo tienen ustedes!”
Antes, los habría pisoteado.
Siempre conté con esa sustancia
que segregaba mi médula alterada,
como si la violencia viviera
al otro lado de mi personalidad.
Recuerdo que era más arrogante.
Ahora mírenme:
acaricio el borde de una taza como si fuera un pecho.
Susurro disculpas al aire
por cada pétalo que arranqué sin razón.
¡Ay, cuánto amor en esta cama hirviente!
Quiero deshacerme
en el líquido melifluo de sus entrañas,
quedarme a vivir
donde sólo me pronuncie el deseo.
Le beso como si el tiempo
hubiera perdido las manos.
La luna nos sonríe,
nuestros rostros palidecen.
Somos eternos en esta fugacidad,
otra flor crece dentro del cosmos.
Descendemos al espiral.
Y no sabemos si es sueño,
una historia inventada por insectos,
o el fin de una galaxia que aún no ha nacido.
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